La escuela holandesa ya no es lo que era
futbolero | 29 de Julio
La victoria de la selección española aún sigue impresa en los pensamientos de los aficionados como una película que se repite una y otra vez. Pero ahora, con la cabeza algo más fría, podemos contemplar lo sucedido en aquella épica final contra Países Bajos con algo más de perspectiva.
Lo cierto es que el partido fue enervante, y por muchos motivos. Uno de ellos fue el juego sucio y leñero de los holandeses, con Van Bommel como paradigma del juego desplegado por los tulipanes: agarrones, entradas asesinas y falta de clase, salvo en las contadas jugadas que lograban armar los neerlandeses, casi siempre con Robben a la cabeza, para crear ocasiones de peligro, que las hubo y las remedió admirablemente Casillas.
Iniesta, que por su físico y su apariencia pudiera pensarse que es poquita cosa, hizo historia para España sacándose de las botas un tiro calmado, preciso y potente en los minutos finales de la prórroga, en un momento del partido en el que ya casi era imposible cometer más faltas.
Holanda jugó bien y lo demostró durante todo el torneo e incluso antes, pero la antigua escuela de Cruyff se vio desmejorada en una serie de partidos en los que los holandeses, a pesar de emplear una estrategia válida para desmontar el juego táctico de sus rivales, pecó de falta de deportividad, con continuas protestas infundadas y juego peligroso.
El buen juego de la selección española se impuso al final con los refuerzos de Navas y Cesc, a pesar del mal arbitraje de Webb que no amparó las buenas jugadas de La Roja. Y quizá por todo lo que se sufrió este triunfo histórico supo a más.













